Se acabó lo que se daba. Como decía Toshack, pagamos la cuenta después del café. Pues es hora de hacerlo. Como seguramente ya os imaginábais, mi balance global de la temporada es de sobresaliente. Los objetivos que yo me planteaba al comenzar la misma se han visto superados con creces. Y hablo del balance global simplemente porque es imposible hacer uno de la Liga y otro de la Copa. Perdón, bendita Copa. Una cosa no se entiende sin la otra. Y mucho menos cuando has sido campeón de una de las dos competiciones disputadas. No son una ni dos, sino muchas las razones que me llevan a valorar la temporada con un sobresaliente, sin duda. Vayamos allá.
La Real ha conseguido siete títulos en toda su historia. Todas y cada una de ellas están en su libro de oro. Esta también. La Real escribió una de sus páginas más brillantes en Sevilla ganando una final trepidante, emocionante y brillante, en la que sus jugadores compitieron como fieras y en la que se erigieron como héroes inesperados Marrero y Marín, con un gol a los 14 segundos, con otro como siempre de Oyarzabal… Sobresaliente sin duda.
No fue solo ganar la final, que también. Fue la mayor manifestación txuri urdin de la historia. No fue solo el día de la final, que también. Fue el antes de la final, desde el jueves hasta el recibimiento de Donosti, incluyendo también el viaje de vuelta por carretera. Increíble. Fueron dos días de fiesta realista en Sevilla, desde la Bodega Santa Cruz hasta el puente de Triana. Y desde el puente de Triana hasta La Cartuja. Y desde La Cartuja hasta Gipuzkoa. Algo nunca visto en nuestra historia. Imágenes que quedarán para toda la vida. Sobresaliente sin duda.
No fue solo la final, que también. Fue pelear la Copa desde el primer partido hasta el último. 125 equipos empezaron la competición. Uno solo salió campeón. El nuestro. Eliminatorias peleadas a fuego desde el principio hasta el final. La Real fue el único semifinalista que no tuvo ninguno privilegio en los sorteos. El único que tuvo que jugar contra cuatro equipos de Primera. El único que ganó todos los partidos. El único -no nos olvidemos- al que le intentaron descabalgar en la ida de las semifinales, con una calamitosa actuación arbitral completamente parcial se mire por donde se mire. La Real se hizo fuerte en San Mamés para derrotar a los muchos rivales que se encontró en el campo. Y allí consiguió, pese a todo, encaminar su pase a la final. Sobresaliente sin duda.
Cada eliminatoria copera tuvo su parte de proeza. La remontada frente a Osasuna in extremis y la aparición de Marrero en los penaltis. La remontada de Vitoria, con penalti salvador parado por Remiro, tampoco lo olvidemos. La doble victoria frente al Athletic en semifinales. Y la final, claro. Esa gran final ganada en una angustiosa tanda frente a un semifinalista de Champions que venía de ganar dos eliminatorias al Barcelona. Sobresaliente sin duda.
Vayamos a la Liga. Tres partes claras. Hasta diciembre, mal. Tan mal que hubo cambio de entrenador. De diciembre hasta el 18 de abril, genial. Remontada increíble con victorias de todo tipo y una racha espectacular que le llevó en ese tiempo a ser el cuarto mejor equipo de la Liga. ¿Qué hubiera pasado de no mediar la final? Nadie lo sabe, pero desde luego nada malo porque estábamos ‘on fire’. Pero había final. Nos esperaba un título. Bendito 18 de abril. ¿A partir de entonces? Desconexión total en parte, solo en parte, entendible. No es fácil jugar la Liga con la Copa debajo de un brazo y la clasificación para Europa debajo del otro. No, no lo es. Y no lo es para nadie. El Barca fue campeón. ¿Y después? Después perdió con Alavés y Valencia. Es un ejemplo. Sí es verdad que hubo dos momentos que no son de recibo. Me refiero a lo que pasó en Vallecas después del 1-3 y en Anoeta tras el 3-2 contra diez ante el Valencia. Y ahí culpo igual a jugadores y entrenador. Todos. Repito, todos se dejaron ir. Y eso no. Entonces ¿por qué pongo un sobresaliente? Porque entonces me acuerdo de ese momento mágico en el que en balón va desde la bota derecha de Marín hasta la red colchonera en Sevilla. Y entonces me emociono. Y entonces lo entiendo todo. Y no lo cambio por nada. Es más. Firmo otro momento igual, otra campaña igual el año que viene. Y todos los años. Sobresaliente, sin duda.
Pensemos ahora en otro tema. Y ya acabo. En agosto estábamos ante una temporada de transición. Veníamos de cambiar de entrenador -se fue nada menos que Imanol- y de director deportivo. Perdimos en verano a Zubimendi, un año después de irse Merino. Cambió mucho la plantilla. Entonces nadie se podía ni imaginar que esta Real fuera a ser campeona, que se llevara uno de los dos títulos puestos en juego. Pero ni por asomo, vaya. Y aquí estamos, con la Copa en casa y con media plantilla revalorizada de forma exponencial. Ahí está el valor que ahora tienen el propio Matarazzo -ahí te quiero ver este verano formando una buena plantilla, el rol más complicado de un entrenador de la Real- y jugadores como Marrero, Odriozola -genial hasta la grave lesión-, Jon Martín, Sergio de lateral, Gorro, Turri, Sucic, Soler, Barrene, Guedes y ¡Oskarsson!, además de nuestro escudo en el campo, don Mikel, señor Oyarzabal. Sobresaliente, sin duda.
Por supuesto que cada uno tendrá su valoración, sus vivencias de estos nueve meses. Todas, bien fundamentadas, son igual de respetables. Yo tengo la mía y os la transmito. Sé que puedo ser un poco o muy pelma con la Copa, pero es que hemos ganando siete títulos en nuestra historia. Esta Copa es uno de ellos y muy especial. Otro día os hablaré de lo que pienso sobre el futuro, salidas y llegadas, que hay trabajo por hacer. Pero para mí es tiempo de seguir celebrando. Un verano entero para celebrar. Campeones de Copa. La cuarta ya está aquí. El Sanse sigue en Segunda. El equipo femenino está en Champions. El segundo equipo femenino sube a Segunda con otra hazaña. La Real es el único club con sus dos primeros equipos en las dos máximas categorías. Sobresaliente sin duda.
Txapeldunak gara! Aupa Real!