01/05/2026
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Ya ha pasado más de una semana pero no podía dejar de escribir unas líneas sobre la final. Llevo tiempo pensando en las palabras que voy a utilizar pero no consigo encontrar las adecuadas porque ninguna hace justicia a lo que viví y sentí esos días en Sevilla. Unos días que estarán siempre entre los mejores de mi vida.
Durante años he escuchado historias de lo que es vivir una final, de las emociones que sientes, del ambiente… Ahora por fin la gente de mi generación podremos contar también nuestra experiencia y menuda experiencia. Fui a Sevilla con mucha ilusión y con la plena confianza de que volveríamos con la Copa. Pero, sin duda, las expectativas se superaron con creces y no solo por la victoria.
Lo que se vivió esos días en la capital hispalense es indescriptible. Más de 40.000 realzales juntos cada uno con su camiseta, su bufanda, su bandera tiñendo Sevilla de blanquiazul, cantando y saltando. Fue impresionante ver a tantos txuri-urdines juntos tan lejos de casa. Nunca había vivido nada igual. Mis expectativas ya se estaban viendo superadas.
El partido ya fue lo máximo. Desde nuestro sitio podíamos ver a prácticamente toda la afición de la Real. El colorido blanquiazul y las ikurriñas ponían los pelos de punta. Siempre me suelo poner nerviosa en los partidos importantes y en una final no iba a ser menos. Pero eran unos nervios distintos. No sé explicarlo, como si no fuera consciente de lo que estaba a punto de vivir.
Ya se notaba la emoción incluso desde antes de que Alberola pitara el inicio del partido, cuando nuestra grada empezó a corear el nombre de Aitor Zabaleta. Me fijé en un hombre sentado debajo nuestro que no podía contener las lágrimas. Y el partido no había empezado. Poco después, al segundo 14, el balón ya estaba dentro de la portería de Musso para jolgorio realzale. Cuando fui a abrazar a mis aitas vi que mi madre estaba llorando. También lo hacían mis amigos Iker y Jon. El corazón me latía rápido y fuerte.
La carga emotiva del encuentro fue en aumento a medida que llegaban los goles. En los últimos minutos, con el 1-2, no era ni capaz de mirar al campo cada vez que el Atlético atacaba. De hecho no vi su segundo gol. Tenía un nudo en el estómago. Mi aita no paraba de decirme que la final estaba yendo igual que en La Romareda 39 años antes. Eso quería decir que íbamos a llegar a los penaltis. Quería decir que íbamos a ganar por penaltis, pero yo no me lo podía creer. Creía que no iba a aguantar tanta tensión.
La prórroga la viví con más tranquilidad porque la Real estuvo muy bien. Pero qué decir de los penaltis. No pude ver los que lanzamos nosotros. No era capaz. No podía. Temblaba. Me agaché y me tapé los oídos cada vez que los nuestros iban a tirar. De pronto se paró el tiempo. Pablo Marín se puso delante de Musso. Era el último lanzamiento. Su gol podía dar la victoria a la Real. Fueron pocos segundos, pero se me hicieron eternos. Y de repente… Y de repente estalla la locura. Éxtasis de felicidad. Hace unos días mi aita escribió en este blog que no era capaz de describir lo que vivió en ese momento. Yo tampoco lo soy. Nadie lo puede hacer. Es imposible.
Nunca había sentido algo así. Literalmente estaba flotando de felicidad en un mar txuri-urdin. Me abracé con mi familia, con amigos, con desconocidos. Lloramos juntos de felicidad plena. Ver a 30.000 realzales de todas las edades saltar de felicidad con abrazos, gritos, lágrimas… es un recuerdo que me llevo para siempre y que quedará en la historia de nuestro club. Es más. Creo que todo aficionado al fútbol merece vivir una vez en su vida un momento igual. Bueno, igual no, porque lo nuestro es insuperable. Sigo en una nube de felicidad. Si me veis volar no me llaméis. Estoy donde quiero estar.
Eskerrik asko bihotzez, Reala.
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4 comentarios en «Describirlo es imposible»

  1. Me alegro muchísimo Paula de que hayas podido disfrutar de algo histórico. Y sobre todo, junto a tus aitas porque si tienes mucha suerte de haber vivido una final en directo, mucho más de tener unos aitas tan fantásticos. O sea que imagínate…

    1. Muchas gracias Álvaro 🙂 !!! efectivamente tienes toda la razón. Mi aita me ha contado muchos de vuestros partidos con el Yale.

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