Cuando la Real jugó y empató en Elche en la primera vuelta, las críticas cayeron sobre Sergio Francisco por lo que muchos consideraron un planteamiento timorato. Pero nada más lejos de la realidad. La Real cedió el balón allí a su rival, como el sábado aquí, para evitar lo que querían los ilicitanos, un equipo al que ni el Madrid ha conseguido ganar en su campo.
El sábado Matarazzo hizo lo mismo. La Real tuvo solo un 34% de posesión, pero no porque el Elche le quitara el balón, sino porque sabía que así estaba más cerca de la victoria. Y los tres puntos se quedaron en Anoeta. De nuevo, como en Vitoria, no fue un gran partido, ni mucho menos, pero andan los realistas con el acierto que les faltaba antes. Las estadísticas hablan de tres tiros a puerta. Tres goles. El Elche remató cinco veces. Un gol. Ahí tuvo mucho que ver Remiro, el mejor con Guedes y Oyarzabal.
Bendito acierto. Y bendita recuperación que ha conseguido Rino de jugadores como Odriozola, Sucic, Oskarsson o Turrientes. Seguramente esto sea lo más importante que ha hecho el americano. La plantilla ha crecido con solo un fichaje, prácticamente inédito, y ahora, pese a que faltan jugadores tan importantes como Kubo o Barrene, tiene alternativas y buenas.
La Real está lanzada, rebosa confianza y se le ve segura en todo momento en el campo. Son ya 14 de 18 puntos que han servido definitivamente. Le cuesta dejar la puerta a cero, es verdad, pero mientras siga marcando el doble de goles de los que encaja, no hay problema.
Ahora toca la cuesta de febrero. Primero San Mamés y luego el Bernabéu. El órdago a Matarazzo es a la grande. Pero, a pesar de las bajas, la Real llega en su mejor momento. A ver si de una vez podemos jugar en estos dos campos sin depender de factores externos, muy habituales por esos lares. Con eso me conformo. Que decida el fútbol. No es mucho pedir. ¿O sí?
Aupa Real!