14/03/2026
Foto Anoeta

He oído hablar muchas veces de las finales que ha jugado la Real en su historia. Sobre todo las del 87 y el 88. De la final de Copa contra el Atlético de Madrid mi aita me ha contado muchas anécdotas. Sobre todo, recuerda el calor insoportable que hizo en La Romareda, que provocó que se agotaran todas las botellas de agua en el campo y en los bares y, por supuesto, la parada de Arconada en los penaltis, que le dio el título a los txuri-urdin tras un partido vibrante, emocionante y con explosión de alegría final. Esa fue la última Copa que consiguió el equipo hasta la eterna del 21.

En la temporada 88 la Real volvió a jugar la final, está vez contra el Barcelona en Madrid. Mi aita siempre me ha dicho que nadie tiene buenos recuerdos de aquel partido, con tres jugadores de la Real fichados de antemano por el propio Barcelona. Y los palos que, además, dio la policía a los seguidores realistas sin ton ni son al acabar el encuentro.

Después de 33 años las nuevas generaciones de realzales íbamos a poder ver a nuestro equipo jugar una final en la temporada 19/20. Pero no. El destino quiso que una pandemia mundial nos arrebatará esa oportunidad. Después de muchos aplazamientos la final se jugó un año después a puerta cerrada en La Cartuja.

El 3 de abril de 2021 yo estaba trabajando en El Diario Vasco. Recuerdo ese día perfectamente. Me levanté muy nerviosa aún sin asimilar que la Real estaba a punto de jugar una final contra el eterno rival. Fui a Zubieta a cubrir el derbi del equipo femenino contra el Eibar, después a casa y luego al periódico a escribir la crónica del encuentro y otro reportaje sobre la final de Copa. Me dio mucha pena no ver el partido con mis padres, aunque también tuvo su toque especial verlo en el periódico. Siempre recordaré los gritos en la redacción con el gol de Oyarzabal y la celebración cuando el árbitro pitó el final. Más gritos, más abrazos… Corriendo fui a llamar a mis padres, con los que luego celebré la victoria en casa. Aquel abrazo que nos dimos los tres en la puerta de casa de madrugada no lo olvidaré nunca.

Pese a la distancia y la pandemia, ese fue uno de los mejores días de mi vida. No lo voy a olvidar nunca. Y es una Copa que quedará para la historia. Porque aunque se jugara sin público tiene la misma importancia que cualquiera. Le pese a quien le pese. No estuvimos allí, pero todos chutamos con Oyarzabal aquel penalti y seguro que los jugadores nos sintieron muy cerca. Y la celebración con los nuestros en medio de la pandemia tiene su punto emotivo y romántico. Miles de lágrimas de alegría se derramaron en toda Gipuzkoa cuando Illarra totalmente cojo levantó la Copa eterna en una Cartuja vacía pero con el aliento de una provincia entregada. Otra vez éramos campeones.

Hace dos años la Real tuvo en sus manos jugar otra final. Esta vez con su gente. Pero cayó en casa contra el Mallorca en los penaltis. Ese día salí llorando de Anoeta, el sueño se esfumaba otra vez. No me lo podía creer.

El año pasado la Real volvió a caer en semifinales después de un partidazo en el Bernabéu. Lo rozamos con los dedos y lo merecimos. Pero adiós otra vez.

Por fin este año el sueño de varias generaciones de jóvenes se va a ver cumplido. El derbi de vuelta en Anoeta lo viví con muchos nervios, después de lo que pasó en Bilbao me temía lo peor. Pero siendo sincera, siempre confié en que íbamos a pasar. El sueño estaba muy cerca y cuando el árbitro pitó el final del partido sentí una gran liberación y una felicidad inmensa. En medio de un Anoeta a reventar y un ambiente impresionante por fin el sueño se hacía realidad. No puedo explicar con palabras lo que siento por poder ver a la Real jugar una final. La Paula niña estaría flipando. Todavía no sé si podré estar en La Cartuja o no, pero de cualquier forma sé que ese día será inolvidable. GUazen Reala!

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2 comentarios en «El sueño de una generación»

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